Tesis de Isabel Mª Lloret Sos
Iconografía, Literatura y Joyeuses Entrées. El Cardenal Infante Don Fernando de Austria (1609-1641), héroe de Nördlinguen.
Director: Víctor Manuel Mínguez Cornelles
Fecha de defensa: 31/05/2022
Resumen:
Iconografía, literatura y Joyeuses Entrées. El Cardenal Infante Don Fernando de Austria (1609-1641), héroe de Nördlingen surge para llenar un vacío importante en los estudios iconográficos, librarios, de las entradas triunfales, de las Joyeuses Entrées y de las exequias fúnebres del Cardenal Infante.
Esta investigación se presenta en dos TOMOS. En el primero de ellos se recoge el texto escrito, mientras que el segundo se conforma como un catálogo de imágenes organizado en siete capítulos del mismo modo que el primero, de manera que ambos se encuentran entrelazados. Así pues, cada imagen del TOMO II está asociada a un pie de página del TOMO I, cuyas imágenes son diferentes de las del tomo II y conforman a su vez un catálogo independiente y tienen su propio índice al final del tomo I. Además, se aporta la relación de los libros de su biblioteca tanto de saberes como de trabajo, las relaciones de los libros de fiesta, cánticos y poesías dedicadas, las diferentes ediciones del libro del viaje escrito por su ayuda de cámara Diego Aedo y Gallart El Memorable y Glorioso viaje del Infante Cardenal don Fernando de Austria (Bruselas, 1635), las relaciones de la batalla de Nördlingen, las poesías y las obras de teatro que se realizaron por la conmemoración de tan ansiada victoria y su testamento junto con los libros post mortem, todo ello también vinculado al TOMO I.
Cuando se intenta llegar a la figura de Don Fernando de Austria, esta se muestra escurridiza y la imagen que prevalece en la memoria colectiva al nombrar al hermano del rey Planeta se asocia al héroe de la batalla de Nördlingen dentro del contexto bélico de la Guerra de los Treinta Años. Todo ello se debe en gran medida a la historiografía, la cual se ha encargado de recoger esta figura desde la vertiente militar, dejando de lado otras facetas claves para entender quién fue realmente Don Fernando de Austria. En este sentido, el Cardenal Infante Don Fernando de Austria constituye una de las figuras históricas más poliédricas del linaje Habsbúrgico pues fue Infante, Arzobispo de Toledo y Cardenal de Santa María in Portico, Gobernador y Capitán General de los Tercios de Flandes. Todo ello compone ese amplio puzle que conforma la imagen de este gran personaje histórico. Asimismo, fue un gran bibliófilo, amante de las artes y las letras y poseía en Madrid y en Bruselas dos corpus librarios importantes. Ambos han desaparecido, no existe ningún resto de los inventarios, tan solo quedan vagas referencias en algunas cartas y posteriores estudios.
Igualmente, existen dos grandes corpus de cartas del Infante. Uno de ellos se centra más en el ámbito “privado” entre él y su hermano que corresponde a los años 1633 y 1634 catalogado en el Archivo del Duque de Medinacelli en Toledo. El otro es de carácter bélico y aparece disperso entre los Archivos de Simancas y Bruselas junto con otro, propiedad de John Elliott, entre el Infante y el Conde Duque de Olivares recientemente publicado en la monografía Memoriales y cartas del Conde Duque de Olivares. Correspondencia con el Cardenal Infante don Fernando (1635-1641) (Madrid, 2021).
La tesis que a continuación se presenta intenta responder a dos preguntas principalmente: ¿quién fue Don Fernando de Austria? y ¿cómo se mostró al mundo? Esta figura que ha llamado la atención a los historiadores desde su punto de vista militar, precisa de un importante estudio que abarque y reúna su imagen desde la vertiente Habsbúrgica. Para ello, se ha partido de la construcción de su imagen desde la más tierna edad, incluso en esos momentos en los círculos cortesanos más íntimos se consideraba que era el único que había heredado las mismas aptitudes que su antepasado el emperador Carlos V, tal y como se desprende de la dedicatoria del libro de Francisco Pérez Carrillo, capellán de Felipe III, Vía Sacra, Exercisios espirituales y el arte de buen morir (Madrid, 1619)
En este sentido, se puede asegurar que hubo un Infante Fernando de Austria, educado entre los gruesos muros cortesanos del Real Alcázar de Madrid con el “ánimo belicoso” e inclinación a las artes marciales, reflejado en las pinturas de Bartolomé González. Fue a partir de esos momentos donde comienza ese gran abanico iconográfico, desde la maiestas contenida del “ethos gonzaleño” en el que aparece rodeado del aparato regio.
Hubo un Infante Cardenal que gustaba de la poesía, el arte y las tertulias literarias, el teatro, los textos filosóficos y pedía que le imprimieran y dedicaran los sermones que escuchaba. Durante este primer periodo madrileño comprendido entre 1609-1632, se observa un importante cambio iconográfico, pues son varios los pinceles que construyen su imagen: Bartolomé González, Rodrigo de Villandrando, Juan Bautista Maino, Andrés López Polanco, Rubens y Velázquez. Se observa poco a poco como la pincelada adquirió soltura, fuerza, expresión y naturalidad, trasladándose desde los interiores oscuros del Alcázar a los exteriores cinegéticos tan queridos y añorados por Don Fernando, iluminados por el cielo azul plomizo de la sierra madrileña, marcados por el “pathos velazqueño”, para liberar la personalidad de nuestro protagonista con su majestuosa pincelada, emulando a través de ella el Princeps Habsburgensis Militiae que habitaba en su interior, dispuesto a enfrentar la batalla contra las Provincias Unidas, mostrando al Capitán General que luchaba por salir al exterior.
Hubo un Cardenal Infante Gobernador y Capitán de los Tercios de Flandes que viajó hasta su destino recogido en el libro de Diego Aedo y Gallart El memorable y glorioso viaje del Infante Cardenal D. Fernando de Austria (Amberes, 1635), emulando el Felicissimo Viaje del muy alto y muy poderoso Don Phelippe… (Amberes, 1552) de Iuan Christoual Calvete de Estrella de su abuelo Felipe II, siendo recibido en Génova y en Milán. En este trayecto, venció a todo el ejército sueco en Nördlingen. Debido a ello, fue recibido como un héroe con magnas Joyeuses Entrées en Lovaina, Bruselas, Malinas, Brujas, Gante y Amberes, rememorando a su bisabuelo el Emperador Carlos V.
Van Dyck inmortalizó la elegancia del Gobernador que alcanzó Flandes, mientras que Rubens construyó la imagen del héroe con su pincelada nerviosa, colorista, creativa y majestuosa. Fue Gaspar de Crayer el que más veces lo retrató de forma ecuestre, dando a conocer a través de las tonalidades suaves de su paleta la “gracia y majestad” de Don Fernando. Crayer mostró al mismo tiempo la fuerza de la política militar cristiana de la Monarquía Hispánica y recreó en una arcadia ideal al último caballero cristiano, conformando todo ello el gran corpus bélico de Don Fernando de Austria, convirtiéndolo en una imagen ideal, moralizada, eterna y platónica.
Esta gloriosa vida terminó siete años después de llegar a Flandes (1634-1641). Su corto periodo de gobernación no le dejó ejercer adecuadamente su cargo, los diferentes avatares bélicos le arrastraron durante estos siete años que permaneció al frente del ejército y terminaron por minar su delicada salud. Su cuerpo fue trasladado, como si de una reliquia se tratase, en el año 1643 desde Bruselas, donde permanecía enterrado, hasta el Real Monasterio de El Escorial. Sus restos mortales reposan en el Panteón de los Infantes.







